7 de septiembre de 2008

Permaneced en mi

Es el verbo de Dios quien da este mandato, quien nos expresa esta voluntad. Permaneced en mí, no por unos momentos, por unas horas pasajeras, sino "permaneced..." de forma permanente, habitual.
Permaneced en mí, orad en mí, adorad en mí, amad en mí, sufrid en mí, trabajad, obrad en mí.
Permaneced en mí para tratar con las personas y con las cosas, entrad cada vez mas adentro en esta profundidad. Allí está la verdadera soledad adonde "Dios quiere llevar al alma para hablarle", como cantaba el profeta. Mas para escuchar esas palabras tan misteriosas, no hay que detenerse, por así decirlo, en la superficie: es preciso entrar cada vez mas en el Ser divino mediante el recogimiento. "Yo sigo corriendo", exclamaba San Pablo. Así también, nosotros debemos bajar día a día por ese sendero del Abismo que es Dios. Dejémonos deslizar por esa pendiente con una confianza cuajada de amor.
"Un abismo llama a otro abismo". Ahí, en lo mas hondo, se realizará el encuentro divino, y el abismo de nuestra nada, de nuestra miseria, se encontrará cara a cara con el Abismo de la misericordia, de la inmensidad del todo de Dios. Ahí encontraremos fuerzas para morir a nosotros mismos y, perdiendo nuestra propia huella seremos transformados en amor... ¡Dichosos los que mueren en el Señor!


Isabel de la Trinidad,
El cielo en la Fe. Día primero



2 comentarios:

Agostina dijo...

Con este escrito conocí a Isabel de la Trinidad. Y tambien a las Carmelitas Descalzas. Aún conservo la hoja en la que está escrito, que me dió la Madre Guadalupe, que era en ese entonces priora del Carmelo de Tucumán.
Espero que les guste tanto como a mí. Para mi es muy importante!

Yajaire de DIOS dijo...

precioso,veo que nos gusta sor isabel, su espiritualidad nos ayuda mejor a responder al plan de Dios ,que ella te enseñe amar mas a Dios. te quiere tu amiga de hoy siempre yajaira