28 de octubre de 2008

Humildad

Tratemos, en primer lugar, de la humildad. He leído páginas maravillosas en el libro que te he hablado otras veces. Dice el autor "que nadie puede turbar al humilde, que él posee la paz inmutable porque se ha precipitado en tal abismo que nadie irá allí a buscarle". Dice también "que el humilde encuentra la satisfacción más grande de su vida en el sentimiento de su impotencia ante Dios".
Francisca, el orgullo es una pasión que no se elimina de golpe. Hay, es cierto, algunos actos heroicos de humildad, como se lee en la vida de los santos, que si no lo destruyen radicalmente lo dejan, al menos, bastante debilitado. Pero, fuera de estos casos, hay que matarlo día a día.
"Quotidie Morior" exclamaba San Pablo. Muero todos los días. Francisca, esta doctrina de morir a uno mismo es indiscutiblemente una ley obligatoria para toda alma cristiana desde que Jesucristo afirmó: "El que quiera venir detrás de mí, que tome su cruz y se niegue a sí mismo" (Lc. 9, 23)
Esta doctrina de aparente austeridad se transforma en suavidad deliciosa cuando se contempla el término de esta muerte: la vida de Dios que sustituye nuestra vida de pecado y de miserias. San Pablo quería decir esto mismo cuando escribía: "Despojaos del hombre viejo con todas sus obras y revestíos del nuevo... según la imagen del Creador"...

Si me preguntaran por el secreto de la felicidad, diría que consiste en desentenderse de nosotros mismos, en negarse constantemente. He aquí un método eficaz para vencer el orgullo: matarlo de hambre. Mira, el orgullo es amor propio. Pues bien; el amor de Dios debe ser tan fuerte que anule por completo nuestro amor propio. San Agustín dice que existen en nosotros dos ciudades: la ciudad de Dios y la mía. Cuanto más crezca la primera más disminuirá la segunda. Un alma que viva de fe, bajo la mirada de Dios, que posea aquel ojo puro de que habla Cristo en el Evangelio (Mt. 6, 22) es decir, esa pureza de intención que sólo ve a Dios en todas las cosas, esa alma vivirá también en humildad y reconocerá los dones que ha recibido porque la humildad es la verdad. El alma nada se apropia. Todo se lo atribuye a Dios como hacía la Santísima Virgen.
Coloca entonces tu miseria como María Magdalena a los pies del divino Maestro y suplicale que te libre de ella. ¡Le agrada tanto ver que un alma reconoce su fragilidad! En ese momento, como decía una gran santa, el abismo de la inmensidad de Dios se encuentra frente por frente del abismo de la nada de la criatura y Dios abraza esa nada.
Querida, no es orgullo pensar que no te gusta la vida fácil. Pienso ciertamente que Dios quiere que tu vida se desarrolle en una atmósfera donde se respire aire divino. Mira, me causan profunda compasión las almas que no saben vivir por encima de este mundo y de las cosas superficiales. Viven esclavizadas y quisiera decirles: Sacudid el yugo que os oprime. ¿Por qué no rompéis esos lazos que os tienen prisioneras y os sujetan a cosas que valen menos que vosotras?.

Sólo poseen la felicidad en este mundo los que, despreciándose y olvidándose de sí, eligieron la cruz por herencia. Qué dulce paz reina en el alma cuando busca su alegría en el dolor.

...Para conseguir el ideal del alma es necesario vivir vida sobrenatural. Es decir no debemos obrar nunca naturalmente. Hay que ser conscientes de que Dios mora en nuestro interior y que hay que realizar con Él todas las cosas. Dejamos de ser entonces superficiales, incluso en nuestras acciones más ordinarias, porque nuestra vida ya no está inmersa en ellas. Las supera. Un alma sobrenatural no trata nunca con las causas segundas sino solamente con Dios. Entonces, su vida se simplifica, se asemeja a la vida de los Bienaventurados, se libera de sí misma y de todas las cosas. Para ella todo se reduce a la unidad, a ese único necesario de que hablaba el divino Maestro a la Magdalena (Lc. 10, 42). Es un alma realmente grande y libre porque tiene su voluntad inmersa en la voluntad divina.
Sor Isabel de la Trinidad
Carta a Francisca Sourdon

4 comentarios:

Nataly dijo...

Hola Agostina!!! es verdad que tenemos que dejar el orgullo de helado y ser mas humildes, muchas veces el ser humano se olvida y se hace un poco vanidoso.
me encanto donde hablas del secreto de la felicidad, sabes? yo trato de ver a Dios sobre todas las cosas, aunque muchas veces afloje porque la vida me golpea fuerte y duro, pero me vuelvo a levantar y mi fe es mas fuerte, es increible! como de la mano de Dios todo se hace mas liviano. yo reconozco todas mis fragilidades, y le pido a Dios que me ayude a superarlas y que me haga lo mas sabia posible y que me haga entender sus tiempos ya que no son los mios, en fin Agostina trato de amar al Señor por sobre todas las cosas, se que soy humana y tengo millones de errores por eso le pido siempre que no me abandone en este camino.
besos y me encanta leerte, me hace muy bien!!!!!

ALMA dijo...

Agos, no conocía este texto que es tan hermoso y nada menos que sobre la humildad, algo tan perdido en esta vorágine actual

Un beso

Silvia dijo...

hola!gracias por el texto..
cariños.
bendiciones silvia cloud

Yajaire de DIOS dijo...

hola,hermanita la humidad es andar en verdad dice sta Teresa de Jesús, precioso post, un abrazo estamos unidas.te quiere.
yajaire